Bajo el Velo
“Crianças de Gaza” nació del impacto de imágenes repetidas de destrucción, hospitales alcanzados, familias sepultadas y niños desolados ante la pérdida y el miedo.
La repetición del horror en las pantallas me llevó a una de las imágenes centrales de la canción: cuerpos servidos en el desayuno, el almuerzo y la cena. La tragedia convertida en rutina, consumida entre noticias, comentarios y redes sociales.
Los hombres de negro y los vampiros humanos aparecen como figuras simbólicas de un poder que alimenta, justifica y administra la violencia mientras permanece lejos de sus consecuencias.
La música nació de esa inquietud: un canto contra la banalización de la muerte y contra el silencio que se instala cuando el horror empieza a parecer cotidiano.